Limítate a soñar

Hoy va de Bolivia y Venezuela, que parece que están de moda. Desde ambos países saltan a la prensa del nuestro noticias de importantes conflictos. El uno, más grave, apenas durará en la agenda mediática el tiempo que siga, lamentablemente, llegando la sangre al río. El otro, cuyo importante trasfondo del que ya he hablado aquí cada vez se desdibuja más, lleva ya un par de semanas y apuesto a que va para largo.

Lo escrito anteriormente creo que sirve para poder decir que si hoy me toca llamar impresentable a Chávez no es por sumarme al coro oficial. No he conseguido encontrar ninguna información que contradiga la versión de los medios de más audiencia por aquí: Chávez congela las relaciones con España por el incidente ocurrido en Chile hasta que el Rey no pido disculpas. He opinado suficiente sobre el asunto, y creo que un mínimo de autocrítica sería deseable, aunque fuera por boca del Presidente que refrenda sus actos. Pero da la sensación de que seguir con la matraca y llegar a este punto se debe más a una obsesión personal que a la defensa de ningún interés del pueblo venezolano. Un amigo que ha trabajado directamente con él en Miraflores escribía el otro día: "Chávez debería aprender que la diplomacia de la justicia social no sólo necesita de la generosa y revolucionaria solidaridad con la que Venezuela administra su petróleo sino que, para estar más cargada de razón, también debe acompañarse de unas formas que marquen distancia con aquellos a los que se denuncia y aproxime a aquellos que comparten sueños y aspiraciones".

De Venezuela me interesa mucho el proceso social de empoderamiento de las clases desfavorecidas, y desde luego que Chávez ha tenido mucho que ver en ello; pero o él es prescindible, o aquello durará cuatro días. Creo que gestos como el que motiva estas líneas apuntan en una mala dirección de ensimismamiento y política espectáculo en torno a lo personal, aunque sea envuelto en el discurso de la defensa de la soberanía venezolana. ¿Acaso no había muchos más motivos cuando el gobierno español contribuía a la desestabilización como ahora denuncia?

Lo de Bolivia es muy diferente. Allí el conflicto que se vive tiene que ver con la plasmación institucional de una demanda social expresada durante años en un largo proceso de movilizaciones y refrendada de forma muy mayoritaria en las urnas. Junto con la recuperación del control sobre recursos como el gas o el agua, la refundación institucional de Bolivia era una exigencia popular incluida en el frontispicio de la tabla reivindicativa de los movimientos sociales y en el programa electoral del Movimiento al Socialismo. Hay una fuerte voluntad de transformación social profunda y un consenso entre quienes la impulsan de que para ello es necesario refundar el Estado.

Las elecciones de diciembre de 2005 dieron la Presidencia al MAS y la mayoría absoluta en el Congreso. Frente a él concurrían candidatos que en su mayoría representaban a la vieja clase política boliviana antes hegemónica y en alternancia, como ha ocurrido en casi toda América Latina. La incorporación de las clases más humildes al voto, animadas por una alternativa ilusionante, desplazaba a los representantes de un sistema erigido sobre la exclusión de la mayoría. Solo PODEMOS, con el expresidente Quiroga al frente, aguantaba el tirón y conseguía un 28% del voto, algo más de la mitad de los obtenidos por el MAS.

Unos meses más tarde, en aplicación de su programa, Morales convoca elecciones a la Asamblea Constituyente y somete a referéndum las peticiones de mayor autonomía de los departamentos orientales (más pudientes). En la consulta vence el no, y en las elecciones el MAS se consolida en la mayoría absoluta; frente a él, el proceso de descomposición de la vieja clase política sigue adelante, y PODEMOS desciende al 15%. Como resultado, una miríada de partidos opositores acaba representada en la Constituyente sin más nexo que la oposición a Morales y la defensa, en su mayoría, del viejo sistema en crisis.

La evolución del sistema de partidos es elocuente. Obsérvense los resultados de 1997, hace solo 10 años (el equivalente al MAS es IU, con poco más del 3%, y hay varias fuerzas entre el 15 y el 20% que pactan el reparto de poder). Se pueden comparar con los de 2002, cuando el MAS llega al 21% en competición con los partidos tradicionales que aún aguantan, reformulando sus siglas.En 2005 el ascenso del MAS es imparable y llega a la mayoría absoluta y los antiguos partidos (salvo MNR y poco más) se agrupan en PODEMOS. En 2006, como hemos comentado, ni siquiera PODEMOS consigue aguantar.

Es evidente que hablamos de un proceso que es simultáneamente una revolución democrática y a la vez la descomposición del viejo sistema. La participación ha aumentado en casi un 50%, de entorno a 2 millones a algo más de 3. Tuve la suerte de seguir de cerca el proceso electoral de 2005, y si algo era llamativo era la absoluta correlación entre la procedencia y el sentido del voto: el escrutinio duró varios días, y con el recuento del voto urbano, la victoria del MAS era ajustada. A medida que llegaba el voto de la afueras y de las zonas rurales, las variaciones eran de 20, 30 y hasta 40 puntos.

¿Tiene sentido en ese contexto plantear algún tipo de paralelismo entre la tarea de la Constituyente boliviana y, por ejemplo, las Cortes españolas de 1977? El sistema de partidos español ha sido enormemente estable: dos grandes partidos, un tercer partido de izquierdas, y una representación nacionalista y regionalista bastante poco variante. La reubicación de UCD y AP hasta dar lugar al PP no rompe el análisis si lo observamos como el bloque que ha acabado siendo. Con estos datos, aunque sea para desgracia de algunos de nosotros, podemos entender ciertas loas a un consenso que se pretende, reforma arriba o abajo, para largo tiempo. Ni hubo ruptura en España, ni es demasiada la gente que la echa de menos. La voluntad democrática de ruptura en Bolivia es indudable; la incapacidad de articular una alternativa sólida al Gobierno de Morales también. Su legitimidad es incuestionable e intentar socavarla mediante la ausencia de una oposición que ha preferido optar por el extraparlamentarismo en todos sus frentes, es un ardid muy sucio.

La boliviana es una revolución exquisítamente democrática. El texto aprobado deberá ser aceptado o no en referéndum. Las garantías que hoy ofrece la Corte Nacional Electoral son mucho mayores que hace dos años, cuando decenas de miles de personas (y entre ellas cargos posteriormente electos) no pudieron votar por falta de censos fiables. Ni una sola queja se ha podido oir de los observadores internacionales. Pero el tratamiento informativo en nuestro país empieza a sugerir rasgos dictatoriales inexistentes.

Atrás quedó el simpático indígena luchador. Los soñadores solo resultan atractivos mientras se limitan a soñar y a hablar de igualdad, pero se convierten en peligrosos caudillos populistas cuando lo intentan poner en práctica.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Interesante post de alguien que al menos has estado fisicamente alli no como muchos opinadores de la nada que quizas fueran incapaces de situar esos paises en el mapa
totalmente de acuerdo respecto a chavez, las formas le pierden....y ya lo dijo anguita despues del comentado discurso del azufre y Mister danger en la ONU...
No se si habrá plan B en Venezuela pero pinta mal.....
Gran esperanza con Correa y Evo que parecen de otra pasta que el venezolano y que ojala lleven a buen puerto la nave del cambio
desde aqui apoyaremos en la medida de lo posible estos aires de libertad....
vacazul ha dicho que…
Juan,
tu post de hoy me ha gustado tanto, que no he podido resistirme, y un trocito se puede ver en mi blog.
Espero que te parezca bien :)
Un abrazo desde el mar del Este