viernes, 25 de noviembre de 2016

La muerte: vértigo y tabúes

La casualidad ha querido que en poco más de 24 horas hayan coincidido las muertes de personas tan opuestas como Rita Barberá y Marcos Ana. De hecho, empecé a escribir este post ayer, antes de saber que el poeta estaba hospitalizado. Las muertes nos afectan de distinta manera, pero rara vez nos dejan indiferentes, incluso tratándose de gente a la que ni siquiera conocíamos personalmente. No sé si es un rasgo de humanidad, como suele decirse, o simplemente el vértigo ante el recordatorio del destino que, más tarde o más temprano, nos espera inexorable.

Hace pocos días falleció también el padre de uno de mis mejores amigos. En el tanatorio, con el estómago encogido por ver el dolor de su familia, nadie podía evitar unas lágrimas, incluso quienes apenas habíamos conversado unas pocas veces con el fallecido. "Nunca estamos preparados para esto", reflexionábamos en voz alta. Pero Manuel Saravia, que siempre piensa un poco más allá, nos rebatía: "Al contrario, ¡vaya si estamos preparados!. Lo raro no es estar así hoy, lo sorprendente es que sepamos vivir con alegría el resto de días sabiendo que pasaremos por muchas de estas". Tan lúcida como lúgubre reflexión.

miércoles, 29 de junio de 2016

¿Que hicimos mal en la campaña de Unidos Podemos?

Como comenté ayer, creo que la causa de la gran frustración producida en mucha gente por el 26J no se debe tanto a haber logrado un resultado malo, que realmente no lo es, sino a la sensación de estar ante un resultado incomprensible. Lo cual está motivado por las grandes expectativas generadas por las encuestas, que no vieron venir una deserción de posibles votantes de Unidos Podemos hacia la abstención (y por nuestra confianza en ellas, claro está).

Pero, una vez analizado por qué no se detectó ese movimiento, toca ver qué pudo provocarlo. Y, aunque en medio del berrinche pueda desahogar echar la culpa al empedrado, hay que buscar las razones en los errores propios, que obviamente ha tenido que haberlos. No es que yo haya tenido un papel muy destacado en la campaña -mi trabajo y otras obligaciones me lo impiden-, pero sí he participado en su diseño (por la parte de IU) y he estado en contacto con quienes han coordinado las tareas. Con lo cual, asumo mi parte de culpa en lo que planteamos mal o lo que no supimos ver a tiempo.

Es necesaria una autocrítica seria, sin paños calientes. Pero también sin fustigarnos: en buena medida, esta campaña ha tenido mucho de hacer de la necesidad virtud, ante la excepcional situación política, los escasísimos plazos para planificar y diseñarla y la particularidad de la coalición forjada. Del mismo modo, comparto lo que ayer decía Isaac Rosa, especialmente en dos puntos: 1) si el resultado hubiera sido otro, lo que hoy se señala como errores causantes de la decepción, serían identificados como genialidades que llevaron a la victoria; y 2) lo asombroso no es que ahora una candidatura protagonizada por Podemos haya tenido un traspié, sino que hasta ahora hubiera tenido un ascenso tan fulgurante.

Dicho esto veamos en qué cosas hemos podido equivocarnos:

martes, 28 de junio de 2016

¿Por qué nadie vio venir el 26J?

La noche electoral del 26J será difícil de olvidar. Me apresté a vivirla en Madrid, en el epicentro de lo que parecía que podía ser un terremoto político de gran calado. Procuraba ser cauto y esperar un resultado peor de lo que las encuestas más optimistas apuntaban, pero incluso aquellas más conservadoras abrían un escenario con repercusiones difíciles de medir. Si Unidos Podemos quedaba por delante del PSOE, aunque fuera por un solo escaño, y además la suma de ambas fuerzas se acercaba a la mayoría parlamentaria, la coalición habría provocado un vuelco enorme y desatascado la crisis de gobernabilidad (ya fuera porque el PSOE se viera obligado a apoyar esa mayoría, o bien forzado a evitarla con una abstención a favor del PP y Cs).

Al llegar al Teatro Goya, los ánimos estaban en todo lo alto. La encuesta a pie de urna de TVE vaticinaba un resultado espectacular de Unidos Podemos, por encima de los 90 escaños, casi sumando mayoría con el PSOE. Mi mantra en esos momentos era "tranquilidad, se parecerá más a la encuesta de GAD3 para ABC que a esta". La otra, "la mala", daba también buena suma parlamentaria, pero una ventaja ligerísima en escaños, con ambas fuerzas en torno a los 85. Los primeros datos de recuento oficial, más que desánimo, trajeron estupefacción. Con más corazón que cabeza, confiamos en que hubieran entrado primero votos rurales o de zonas especialmente poco propicias y hubiera un cambio drástico enseguida. Pero nunca llegó y, aún hoy, nadie parece tener nada claro qué ha pasado. Una cosa era un resultado malo, en la parte más pesimista de las previsiones. Pero aquello estaba fuera de todos los pronósticos: incluso la amplia horquilla que manejaba el riguroso Kiko Llaneras en su promedio de encuestas otorgaba una probabilidad bajísima a un resultado así. De acuerdo con todo lo publicado, el resultado más bajo que cabía esperar eran 80 escaños.

martes, 24 de mayo de 2016

Decir haciendo: superar la política declarativa

Circula por las redes un chiste sobre estereotipos políticos. Es una conversación ficticia en la que una persona pregunta: “Oye, como eres comunista puedo ir a tu casa y llevarme tu tele y tu ordenador, ¿no?”. A lo cual la otra persona responde “Libros, mejor llévate libros, que te hacen más falta”. No es raro encontrarnos con esa caricaturización según la cual quien es comunista no puede tener propiedades, quien es ecologista ha de vivir como un asceta o quien es anarquista desea el caos.
Lo que está en el fondo de estos prejuicios, aparte de una cultura política escasa, es la falta de referencias concretas de los modelos alternativos de sociedad que aspiramos a construir. Nuestros proyectos parecen quedarse en el mundo de las ideas y, siendo así, es fácil que sean percibidos de forma distorsionada. E incluso para aquellas personas que entiendan nuestra visión del mundo o hasta la compartan, ¿qué ofrecemos? ¿Cuál es el tránsito que proponemos desde un mundo competitivo, individualista y consumista a una sociedad de iguales, cooperativa y pacífica? Nuestra apelación a un horizonte nuevo puede recordar a aquello de "mi reino no es de este mundo": una promesa tan lejana e inconcreta que es necesaria cierta forma de fe para abrazarla.
El contraste entre el modelo social, económico y cultural por el que abogamos y la cotidianeidad es tan abrumador que no es difícil caer en la melancolía por la enormidad del reto. Y en ocasiones ésta se convierte en frustración y reproche hacia la "falta de conciencia" de la gente.

lunes, 23 de mayo de 2016

La izquierda ante la sociedad fragmentada

La última vez que fui a un concierto de Extremoduro tuve que hacer un repaso de última hora a las canciones de los discos más recientes, porque solo me sabía tres o cuatro que me había guardado como favoritas en alguna lista de reproducción. Hace unos años me sabía todas y cada una, quemaba sus cassettes por una cara y por la otra, en casa y en el parque con los amigos. Entonces, hacer una cinta “de varios” era un artesanal proceso que llevaba horas, y ahora lo tenemos a unos pocos clicks. Pasa algo similar con la información: frente a la fidelidad a un periódico, una cadena de radio o un informativo concreto de la televisión, tendemos ahora a picotear de varios sitios en la red, en muchos casos sin siquiera buscarlo, a partir de lo que nos vamos encontrando en las redes sociales.
Ese proceso de segmentación, de individualización, no es meramente cultural. Hace unas semanas recordaba con amistades cómo en los ochenta o primeros noventa, en el patio del colegio se podía distinguir por el calzado quién era hijo de “fasero”. FASA-Renault, la gran factoría de Valladolid, tenía un economato del que se surtían miles y miles de familias de los barrios obreros. También tenía (y tiene aún) unas piscinas e instalaciones deportivas para su personal y familias, así como otra serie de incentivos o facilidades con los que la empresa “cuidaba” a su plantilla. No era la única, también otras grandes como Michelín eran, en cierto modo, una fábrica-comunidad. La clase obrera no solo compartía el autobús de madrugada a la factoría, sino también el ocio, la vida de barrio o las compras.

miércoles, 20 de enero de 2016

Yolanda, Joan, Félix y los grupos parlamentarios

En 2012, la federación gallega de Izquierda Unida logró una increíble proeza: se convirtió, de la mano de Anova y otros y a través de la coalición Alternativa Galega de Esquerda en la tercera fuerza política de Galicia, con resultados apabullantes en algunos núcleos urbanos. De los 9 escaños obtenidos, 5 los ocuparon miembros de Esquerda Unida. Recordemos de dónde venía esta formación: porcentajes de voto que en el mejor de los casos (1981, 1993) llegaron al 3% y que habitualmente no alcanzaban ni el 1%. Aparte de un gran trabajo de reconstrucción de una organización muy tocada tras la crisis de los 90, hubo una enorme inteligencia a la hora de afrontar la crisis del nacionalismo gallego tendiendo la mano a sus sectores más alternativos. Se comenzó así a forjar una alianza que iba más allá de un acuerdo puntual entre partidos: Esquerda Unida entendió que solo había hueco para un proyecto transformador si se formulaba en clave gallega y Anova que no tenía sentido desligar sus reivindicaciones nacionales de las posibilidades de ruptura que comenzaban a abrirse a nivel estatal.

jueves, 14 de enero de 2016

Empatía para reunir la diáspora

No sé si es algo consustancial a la izquierda, o en general a la actividad política, pero he oído usar demasiado a menudo la palabra "traidor". La última vez este mismo sábado, varias veces, en boca de dirigentes de Izquierda Unida, algunos muy destacados, en la reunión del Consejo Político Federal. La utilizaban para hablar de gente que había participado en ese órgano hasta antesdeayer, e incluso en algún caso, de gente que sigue participando en IU pero opina o actúa de determinada manera que se considera desleal. La búsqueda del enemigo interno es una constante -y sé a ciencia cierta que no es cosa exclusiva de esta organización- y se suele llevar a cabo hasta que se consigue maltratar tanto a la persona afectada que acaba marchándose, confirmando así el presagio inicial de los dedos acusadores. Profecía autocumplida.

lunes, 11 de enero de 2016

Intentando entender a la CUP

Es prácticamente imposible que yo pueda compartir la decisión de la CUP del pasado sábado que ha dado como resultado la investidura de Carles Puigdemont como President de la Generalitat tras una alambicada solución. Y esto es así porque yo no soy independentista y, por tanto, comparto solo una de las almas de esa formación. Pero que no la comparta no quiere decir que no pueda entenderla sin llevarme las manos a la cabeza como parece estar haciendo medio mundo. Esos chicos y chicas que nos caían tan bien por su estética desenfadada y traer de cabeza a Mas de repente han pasado a ser traidores y vendidos porque, sorpresas que da la vida, la izquierda independentista ha resultado ser independentista.

Intentemos, por un momento, ponernos en la piel de una persona independentista, pero además no de las de aluvión, sino de las de toda la vida y veamos si hay alguna lógica en su decisión:

jueves, 7 de enero de 2016

Tras el 20-D: ver más allá del bosque

Aunque es inevitable hacerlo, creo que es necesario que cuando analicemos resultados electorales apartemos la vista de qué tal le ha ido a cada partido e intentemos mirar qué ha pasado en la sociedad. No son los resultados de un partido de fútbol, cada voto no puede contarse como si fueran goles que, matices aparte, son mérito exclusivo de cada aspirante a Pichichi. Tras cada voto hay una persona que, tras una reflexión más o menos profunda, ha decidido dar su confianza a una opción. Algunas de esas personas siempre votan lo mismo, otras han dejado el abstencionismo atrás, una buena parte han cambiado tras muchos años de voto fiel... Y si miramos de ese modo lo que pasó el 20-D es realmente fascinante.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Esta vez sí, voto útil

Se lo crea quien se lo quiera creer, por primera vez en mi vida he recapacitado, y mucho, mi voto. O, mejor dicho, sigo haciéndolo, aunque ahora ya lo tengo casi claro. Es algo que no me había pasado jamás, nunca he dudado ni un segundo, con candidaturas mejores o peores. Siempre a Izquierda Unida y solo a Izquierda Unida. Y esta vez, sin embargo, a pesar de que se presenta el candidato que más me ha gustado jamás a unas generales, he dudado y finalmente traicionaré mi corazón (o mis tripas) para votar con la cabeza.

En los últimos tiempos lo que el cuerpo me pedía era coger un grapadora y meter en el sobre la papeleta de Podemos y la de Unidad Popular. Voto nulo, pero con mensaje: yo habría querido votar algo que uniera lo que representan estas dos opciones. Sin embargo, se quedaría en poco más que el ejercicio de mi derecho a la pataleta, la verdad. Sería un voto totalmente inútil toda vez que el mensaje que mandaría ya lo he transmitido una y mil veces, ya fuera al viento o directamente a las personas que debían haber protagonizado esa confluencia que yo, como tanta otra gente, deseaba.