martes, 24 de mayo de 2016

Decir haciendo: superar la política declarativa

Circula por las redes un chiste sobre estereotipos políticos. Es una conversación ficticia en la que una persona pregunta: “Oye, como eres comunista puedo ir a tu casa y llevarme tu tele y tu ordenador, ¿no?”. A lo cual la otra persona responde “Libros, mejor llévate libros, que te hacen más falta”. No es raro encontrarnos con esa caricaturización según la cual quien es comunista no puede tener propiedades, quien es ecologista ha de vivir como un asceta o quien es anarquista desea el caos.
Lo que está en el fondo de estos prejuicios, aparte de una cultura política escasa, es la falta de referencias concretas de los modelos alternativos de sociedad que aspiramos a construir. Nuestros proyectos parecen quedarse en el mundo de las ideas y, siendo así, es fácil que sean percibidos de forma distorsionada. E incluso para aquellas personas que entiendan nuestra visión del mundo o hasta la compartan, ¿qué ofrecemos? ¿Cuál es el tránsito que proponemos desde un mundo competitivo, individualista y consumista a una sociedad de iguales, cooperativa y pacífica? Nuestra apelación a un horizonte nuevo puede recordar a aquello de "mi reino no es de este mundo": una promesa tan lejana e inconcreta que es necesaria cierta forma de fe para abrazarla.
El contraste entre el modelo social, económico y cultural por el que abogamos y la cotidianeidad es tan abrumador que no es difícil caer en la melancolía por la enormidad del reto. Y en ocasiones ésta se convierte en frustración y reproche hacia la "falta de conciencia" de la gente.

lunes, 23 de mayo de 2016

La izquierda ante la sociedad fragmentada

La última vez que fui a un concierto de Extremoduro tuve que hacer un repaso de última hora a las canciones de los discos más recientes, porque solo me sabía tres o cuatro que me había guardado como favoritas en alguna lista de reproducción. Hace unos años me sabía todas y cada una, quemaba sus cassettes por una cara y por la otra, en casa y en el parque con los amigos. Entonces, hacer una cinta “de varios” era un artesanal proceso que llevaba horas, y ahora lo tenemos a unos pocos clicks. Pasa algo similar con la información: frente a la fidelidad a un periódico, una cadena de radio o un informativo concreto de la televisión, tendemos ahora a picotear de varios sitios en la red, en muchos casos sin siquiera buscarlo, a partir de lo que nos vamos encontrando en las redes sociales.
Ese proceso de segmentación, de individualización, no es meramente cultural. Hace unas semanas recordaba con amistades cómo en los ochenta o primeros noventa, en el patio del colegio se podía distinguir por el calzado quién era hijo de “fasero”. FASA-Renault, la gran factoría de Valladolid, tenía un economato del que se surtían miles y miles de familias de los barrios obreros. También tenía (y tiene aún) unas piscinas e instalaciones deportivas para su personal y familias, así como otra serie de incentivos o facilidades con los que la empresa “cuidaba” a su plantilla. No era la única, también otras grandes como Michelín eran, en cierto modo, una fábrica-comunidad. La clase obrera no solo compartía el autobús de madrugada a la factoría, sino también el ocio, la vida de barrio o las compras.

miércoles, 20 de enero de 2016

Yolanda, Joan, Félix y los grupos parlamentarios

En 2012, la federación gallega de Izquierda Unida logró una increíble proeza: se convirtió, de la mano de Anova y otros y a través de la coalición Alternativa Galega de Esquerda en la tercera fuerza política de Galicia, con resultados apabullantes en algunos núcleos urbanos. De los 9 escaños obtenidos, 5 los ocuparon miembros de Esquerda Unida. Recordemos de dónde venía esta formación: porcentajes de voto que en el mejor de los casos (1981, 1993) llegaron al 3% y que habitualmente no alcanzaban ni el 1%. Aparte de un gran trabajo de reconstrucción de una organización muy tocada tras la crisis de los 90, hubo una enorme inteligencia a la hora de afrontar la crisis del nacionalismo gallego tendiendo la mano a sus sectores más alternativos. Se comenzó así a forjar una alianza que iba más allá de un acuerdo puntual entre partidos: Esquerda Unida entendió que solo había hueco para un proyecto transformador si se formulaba en clave gallega y Anova que no tenía sentido desligar sus reivindicaciones nacionales de las posibilidades de ruptura que comenzaban a abrirse a nivel estatal.

jueves, 14 de enero de 2016

Empatía para reunir la diáspora

No sé si es algo consustancial a la izquierda, o en general a la actividad política, pero he oído usar demasiado a menudo la palabra "traidor". La última vez este mismo sábado, varias veces, en boca de dirigentes de Izquierda Unida, algunos muy destacados, en la reunión del Consejo Político Federal. La utilizaban para hablar de gente que había participado en ese órgano hasta antesdeayer, e incluso en algún caso, de gente que sigue participando en IU pero opina o actúa de determinada manera que se considera desleal. La búsqueda del enemigo interno es una constante -y sé a ciencia cierta que no es cosa exclusiva de esta organización- y se suele llevar a cabo hasta que se consigue maltratar tanto a la persona afectada que acaba marchándose, confirmando así el presagio inicial de los dedos acusadores. Profecía autocumplida.

lunes, 11 de enero de 2016

Intentando entender a la CUP

Es prácticamente imposible que yo pueda compartir la decisión de la CUP del pasado sábado que ha dado como resultado la investidura de Carles Puigdemont como President de la Generalitat tras una alambicada solución. Y esto es así porque yo no soy independentista y, por tanto, comparto solo una de las almas de esa formación. Pero que no la comparta no quiere decir que no pueda entenderla sin llevarme las manos a la cabeza como parece estar haciendo medio mundo. Esos chicos y chicas que nos caían tan bien por su estética desenfadada y traer de cabeza a Mas de repente han pasado a ser traidores y vendidos porque, sorpresas que da la vida, la izquierda independentista ha resultado ser independentista.

Intentemos, por un momento, ponernos en la piel de una persona independentista, pero además no de las de aluvión, sino de las de toda la vida y veamos si hay alguna lógica en su decisión:

jueves, 7 de enero de 2016

Tras el 20-D: ver más allá del bosque

Aunque es inevitable hacerlo, creo que es necesario que cuando analicemos resultados electorales apartemos la vista de qué tal le ha ido a cada partido e intentemos mirar qué ha pasado en la sociedad. No son los resultados de un partido de fútbol, cada voto no puede contarse como si fueran goles que, matices aparte, son mérito exclusivo de cada aspirante a Pichichi. Tras cada voto hay una persona que, tras una reflexión más o menos profunda, ha decidido dar su confianza a una opción. Algunas de esas personas siempre votan lo mismo, otras han dejado el abstencionismo atrás, una buena parte han cambiado tras muchos años de voto fiel... Y si miramos de ese modo lo que pasó el 20-D es realmente fascinante.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Esta vez sí, voto útil

Se lo crea quien se lo quiera creer, por primera vez en mi vida he recapacitado, y mucho, mi voto. O, mejor dicho, sigo haciéndolo, aunque ahora ya lo tengo casi claro. Es algo que no me había pasado jamás, nunca he dudado ni un segundo, con candidaturas mejores o peores. Siempre a Izquierda Unida y solo a Izquierda Unida. Y esta vez, sin embargo, a pesar de que se presenta el candidato que más me ha gustado jamás a unas generales, he dudado y finalmente traicionaré mi corazón (o mis tripas) para votar con la cabeza.

En los últimos tiempos lo que el cuerpo me pedía era coger un grapadora y meter en el sobre la papeleta de Podemos y la de Unidad Popular. Voto nulo, pero con mensaje: yo habría querido votar algo que uniera lo que representan estas dos opciones. Sin embargo, se quedaría en poco más que el ejercicio de mi derecho a la pataleta, la verdad. Sería un voto totalmente inútil toda vez que el mensaje que mandaría ya lo he transmitido una y mil veces, ya fuera al viento o directamente a las personas que debían haber protagonizado esa confluencia que yo, como tanta otra gente, deseaba.

viernes, 27 de noviembre de 2015

¿Un parlamento a la danesa?

A quienes nos gusta la política y las series nos ha cautivado Borgen, una maravilla producida por la cadena pública Danmarks Radio (procuraré no desvelar spoilers). A través de ella hemos conocido un poco mejor una política, la danesa, muy diferente a la que conocemos en otros lugares, o al menos a lo que se nos muestra a quienes no la conocemos tan de cerca. Sorprenden muchas cosas, empezando por ver cómo una primera ministra sigue viviendo en su propia casa durante su mandato (gran parte de la serie nos habla de cómo se concilian trabajos de gran dedicación -en política o periodismo- con la vida privada).

Pero sobre todo llama la atención la enorme fluctuación en acuerdos puntuales que permiten generar mayorías muy diversas para sacar adelante iniciativas sobre todo tipo de asuntos: planes económicos y medioambientales, normativa sobre la ganadería porcina, prostitución... A veces se une el centro con el flanco izquierdo, otras quedan excluidos los extremos del arco parlamentario, pero incluso en ocasiones hay alianzas de las que participan la extrema izquierda y la extrema derecha. Y ello no necesariamente hace caer un gobierno, sino que se queda en una alianza puntual. La serie no edulcora en exceso y no escatima a la hora de mostrar puñaladas por la espalda, maniobras torticeras o traiciones a los propios ideales, pero a nuestros ojos en ocasiones puede resultar hasta naïf y poco creíble. Sin embargo, el 83% de la población danesa la considera un fiel reflejo de lo que allí ocurre.

martes, 24 de noviembre de 2015

Contra el "malismo"

El añorado Javier Ortiz nos dejaba esta perla hace dos campañas: "Que los dirigentes del PSOE hablen de “votantes exquisitos” para referirse a la parte de la izquierda a la que no consiguen motivar (o a la que han desmotivado) presenta otro aspecto digno de mención: en el uso del término queda implícito que, según ellos mismos, para darles el voto es condición necesaria no ser exquisito. O sea, estar dispuesto a votar sin hacerse demasiadas preguntas. “Con las narices tapadas”, que se decía en tiempos. Tiene todo el aire de un lapsus freudiano".

Efectivamente, si alguien presume de no votar exquisitamente tendrá que asumir que vota asquerosamente, o al menos vulgarmente. Otro lapsus similar parece producirse estos días cuando se acusa de "buenismo" a quien no se suma a los tambores de guerra contra ISIS y se atreve a añadir matices en el análisis de la cuestión. Deduzco que, si lo nuestro es buenismo, debe de ser que lo correcto es defender el "malismo". Y es que, efectivamente, el argumento es ese, que toca ser malos, porque hay que elegir entre lo malo y lo peor, como afirma John Carlin. "Hay que mancharse las manos" y dejar el idealismo a un lado porque es irresponsable no asumir que nos enfrentamos a una guerra terrorista mundial. Nada menos.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Cinco claves para el 20-D

El nuevo escenario electoral, con más fuerzas disputando las primeras posiciones, hace que vayamos a una cita con las urnas en la que seguramente descubriremos efectos de la normativa que hasta ahora no se habían visto. Y sociológicamente estamos en un maremoto que hace imprevisible el resultado final, porque en apenas dos años ha dado tiempo a que el panorama haya dado varias vueltas. A un mes de las urnas, lo que hoy en día es un mundo, intento repasar cinco claves que creo que pueden ser decisivas.