martes, 4 de marzo de 2014

IU y las europeas: pasos, zancadas, política expresiva y movimiento



He guardado un (casi) absoluto silencio sobre mi valoración de la elección de la candidatura de IU al Parlamento Europeo desde el sábado. He querido gestionar mis emociones, no dejarme llevar por las de otras gentes y dejar reposar las ideas, para no perderme en reflexiones de consumo interno.

Tenía (y tengo) una sensación de frustración, que no se entiende si uno disecciona la composición de la lista elegida, porque es cierto que hay algunos avances significativos, en los que otros amigos centran su valoración. Que se hayan consolidado alianzas con otras fuerzas como la de ICV-EUiA (y más) en Cataluña, la de AGE en Galicia, o la de la Izquierda de Aragón con CHA y la Iniciativa Social y que todas ellas tengan puestos destacados, da cuenta de que ha habido algo que creo imprescindible: generosidad en un momento al alza. IU seguramente podría haber asegurado más eurodiputados “de la casa” yendo por libre o racaneando puestos a las alianzas, porque las encuestas soplan a su favor, y no lo ha hecho. Bien en este punto. Y además, en las propias propuestas que han surgido a lo largo del proceso se ha huido, por lo general, de perfiles “internos” que en otras ocasiones han poblado las listas. En este caso han surgido con fuerza nombres como los de Javier Couso o Gerardo Pisarello, o incluso José Chamizo que sonó pero finalmente cayó de las quinielas, y tampoco son perfiles habituales los de Marina Albiol o Lara Hernández. No se ha abusado, en resumen, de las personas de larguísima trayectoria institucional (figura habitual en el “cementerio de elefantes” de Estrasburgo) ni de primar al hombre o mujer de confianza interna frente a la renovación o la apertura. Se ha arriesgado, y eso está bien.

lunes, 24 de febrero de 2014

Debemos: 5 hechos que llaman a la responsabilidad

Hoy se reúnen IU y Podemos. Hasta donde yo he podido saber, por parte de IU acudirán Miguel Reneses, responsable de Organización, y Enrique Santiago, responsable de Convergencia Político-Social. En representación de Podemos, Miguel Urbán e Íñigo Errejón, que no sé qué cometido tienen en la incipiente estructura de esa plataforma. No deja de ser frustrante que un tema tan importante esté en manos de gente a la que conoces y que sin embargo puedas hacer tan poco por influir en lo que ocurra en esa reunión. Por eso, no me resisto a escribirles estas líneas, aún a sabiendas de que será difícil que me lean y, más difícil aún, que sirva para algo.

Se han escrito cientos de artículos en las apenas cinco semanas de vida de Podemos sobre la pertinencia o no de liderazgos mediáticos, sobre la honradez o segundas intenciones de sus promotores o sobre si es el enésimo caso de fragmentación de la izquierda o el bálsamo definitivo para la unidad popular. Se han escrito casi tantas opiniones como manifiestos, llamamientos y reflexiones surgieron en los meses anteriores apelando a la unidad, la convergencia y los frentes amplios. Lo relevante es que aquellas bienintencionadas demandas, alguna mía incluso, fueron recibidas con tantas buenas palabras como escasas acciones coherentes. Ha hecho falta ver que la inacción podía dejar hueco a nuevas opciones para que el debate se abriera en serio. Y se ha abierto, pero quizás tarde para llevarlo a buen puerto.

El caso es que he estado tentado de escribir muchas veces sobre todo esto. Pero ya me interesan bien poco los pecados originales de Podemos, que los tiene, y la responsabilidad de IU en no haber liderado una opción realmente unitaria, que también mucho de eso ha habido. A estas alturas se trata de constatar lo que hay y tener pragmatismo, por un principio claro queenunciaba muy bien Eberhard: han de ponerse siempre los intereses de la gente por encima de los de nuestros propios proyectos.

En ese sentido, enumero una serie de cosas que no considero opiniones, sino hechos:

  1. IU tiene un peso electoral a día de hoy que no se puede desdeñar por una opción como Podemos que no aspira a ser una candidatura de extrema izquierda que logre uno o dos escaños, sino una opción de mayorías. Son cientos de miles de votantes que en lo fundamental abrazan un discurso compatible con el de ambos proyectos. Piénsese que cuando se habla con IU no se habla solo con sus dirigentes, sino también con toda esa gente. A su vez, cuando se habla con Podemos tampoco se habla solo con quienes lo impulsan sino con miles de personas que abarrotan actos y reuniones de círculos en cada rincón de la geografía, a muchas de los cuales IU no está consiguiendo llegar o ilusionar. Y sí, en cada acto o reunión de Podemos hay una ilusión que falta en muchas de las de IU.
  2. IU tiene una gran capacidad de llegar a acuerdos con fuerzas políticas y sociales que también son parte decisiva para articular un proyecto de mayorías. Y las está concretando con ICV, con Anova y otros, con Batzarre y otras formaciones menores. Por el contrario, Podemos está teniendo una enorme capacidad de conectar con la gente no organizada, esa pata fundamental que nos falta para pasar del refrito y recombinación constante de siglas a un verdadero proceso de acumulación de fuerzas. Necesitamos ambas cosas.
  3. A mucha de esa gente, la tenemos en un brete. Tanto las personas que en cada acto de IU o Podemos nos demandan que nos entendamos y que no les hagamos elegir entre papá y mamá como en organizaciones que, como Anova,se dividen prácticamente por la mitad cuando se ven en la tesitura de decidir.
  4. Las lógicas de funcionamiento de uno y otro espacio son distintas y hay que saber entenderse mutuamente. IU se equivoca si trata a Podemos como una organización política más a la que ofrecer una coalición y puestos en la candidatura. Pero la apuesta original de Podemos tampoco será sincera si el llamamiento a otras fuerzas solo pasa por la aceptación de un método intocable. Si se apuesta por la unidad es necesario tener cintura. Y bien es sabido que yo comulgo a pies juntillas con la idea de primarias abiertas que propone Podemos, la he defendido en IU y creo que sería la mejor salida a todo esto. Pero también hemos de ser conscientes de los tiempos, y de que jugarlo todo a esa carta supone decir, de una manera más elegante, que se pasa de una organización que ya ha decidido no elegir sus candidaturas de esa manera (quienes defendíamos lo contrario, perdimos ese debate solo unos días antes de que surgiera Podemos).
  5. A nadie nos vale en este momento una victoria pírrica ni un fracaso discreto. Hemos coincidido en señalar la importancia táctica de esa cita electoral para abrir brecha e intentar erosionar al bipartidismo ya debilitado. IU está abocada a sacar un estupendo resultado (10-15%), medido en la lógica de otros tiempos, que en los actuales no sirve de nada. Podemos parece estar aún muy lejos de ser un fenómeno con tanto impacto en lo electoral como para desbordar esas expectativas. Seguramente sería meritorio que lograran representación, y en IU no se evitará sonreír al ver multiplicarse la suya. Pero moviéndonos en esos márgenes estaríamos muy lejos de los retos que decimos marcarnos.
Darle salida a esto está difícil. Es muy complicado pedirle a IU que reabra un debate que ya cerró (a mi pesar), con el plazo tan corto que queda. Igualmente es muy difícil pedirle a Podemos que renuncie al eje de su propuesta, las primarias abiertas. Pero no me resigno a dar por imposible el entendimiento. Si yo estuviera en esa reunión, propondría una salida como la siguiente: creemos una mesa entre todos los proyectos que apostamos por un proyecto unitario y de mayorías; busquemos la salida menos mala para articular una candidatura común, asumiendo que es imposible en tan breve plazo un proceso común para elegir la candidatura completa; pero comprometámonos por escrito a que esto sea el germen para trabajar para las citas electorales de 2015 superando la lógica de partidos y de proyectos confrontados, asumiendo nuevas formas de hacer las candidaturas, y centrando el proyecto en la autoorganización de la gente. Porque no habremos entendido nada si no sabemos ver que Podemos plantea una manera de interactuar y movilizar a la gente no organizada que realmente funciona, al igual que lo habían demostrado antes los movimientos sociales. Y tampoco si creemos que eso puede desbordar a la izquierda organizada sin la complicidad de esta, al menos en los tiempos que son necesarios para actuar ante la situación de emergencia que vivimos.

martes, 13 de agosto de 2013

Un gobierno de concentración obligado

Después de analizar las tendencias electorales, hoy quiero reflexionar sobre los escenarios de gobernabilidad que se nos vienen encima. Porque resulta, desde luego, muy interesante analizar quién sube y quién baja o qué tendencias sociales de fondo se ponen de manifiesto, pero no se puede obviar cómo después el sistema electoral traduce eso en escaños y en posibilidades de formar gobiernos. Y, ojo, tampoco es una cuestión menor la interrelación entre ambos factores: diversos escenarios de gobernabilidad posibles pueden influir en el comportamiento electoral de la gente.

Es más, tengo la impresión de que este tema va a ser determinante en la próxima campaña electoral, entendiendo por ello el momento a partir del cual la atención mediática se centre en las elecciones generales de ¿2015?. Creo que muy pronto va a ponerse en circulación el leit motiv preelectoral, alimentado por políticos y periodistas y que ya ayer anticipaba el extesorero del PP Ángel Sanchis, hablando del caso Bárcenas: "si de esto deviene que España se convierta en cinco o seis partidos que se quieren anticipar para gobernar, será un desastre". Se repetirá machaconamente que si vamos a un escenario institucional muy fragmentado, esto será un caos. Y sin embargo, creo que será difícil evitar que eso ocurra, aunque no como lamenta Sanchis por el caso Bárcenas, creo yo.

viernes, 9 de agosto de 2013

Tres miradas sobre el CIS de Julio: abstención, crisis del bipartidismo e IU

En los últimos días he escrito tres entradas sobre el barómetro del CIS del pasado mes de Julio, que se publicó hace justo una semana. Hago este post simplemente para recopilar las tres entradas y que sea más fácil seguir el hilo sin perderse:
  1. La crisis del "votante medio". En este primer post desarrollo un poco más una idea que ya había esbozado y aporto nuevos datos sobre ello. La cuestión es que hay cambios significativos en la composición social del abstencionismo. Quienes están contribuyendo al descomunal incremento de la abstención son los sectores que, hasta ahora, más habían participado: gente de derechas, votantes del PP, sectores de "edad madura", gente de clase media y alta, etc.
  2. ¿Por dónde se desmorona el bipartidismo? En el segundo post he intentado analizar en qué sectores sociales aún existe una clara preeminencia del voto a PP y PSOE y en cuáles el bipartidismo está haciendo aguas. Los resultados son claros, hay sesgos importantes de edad y formación principalmente, el bipartidismo resiste gracias a ciertos nichos muy fieles, pero que son a su vez aquellos con los que la abstención se está cebando. 
  3. IU y las victorias por incomparecencia del contrario. El último post analiza cuáles son las tendencias de crecimiento de IU en los distintos sectores sociales y hasta dónde podría llegar. Las conclusiones apuntan a un crecimiento bastante moderado, a pesar de una buena posición relativa por el desmoronamiento de PP y PSOE, pero también a una buena valoración entre los sectores que marcan el cambio de tendencia electoral.
Cada uno de estos aspectos se analiza cruzándolo por las variables de ideología, clase social, edad y estudios que utiliza el CIS, porque me parecen los más significativos. Y he procurado aderezarlo con algunos gráficos que ayudan a seguir el hilo y siempre lo hacen más ameno. 

Espero que os sirva, al menos de entretenimiento ;)

CIS Julio 2013: IU y las victorias por incomparecencia del contrario

El barómetro del CIS de Julio de 2013 situó a Izquierda Unida por encima de la barrera psicológica del 10% en estimación de voto, por primera vez desde hace 16 años, y con el dato más alto de la serie histórica que recoge el CIS en su web: un 11,5%. Es un salto importante, de más de un punto y medio desde Abril, sobre todo teniendo en cuenta que el CIS ha recogido una progresión mucho más lenta de IU que otros institutos demoscópicos, y apenas le otorgaba una subida de dos puntos desde enero de 2012. Pero no deja de ser algo relativamente anecdótico, pues al fin y al cabo no es más que una estimación.

Como he apuntado otras veces, me interesan mucho más los datos en bruto, sin cocina. En ellos, se muestran tendencias interesantes, como las que he analizado en otro post. Se observa un incremento en el apoyo a IU en ciertos sectores, notable en algunos casos, pero en ningún caso un ascenso meteórico. Si IU tiene opciones de dar el "campanazo" electoral, parecen pasar más por la hecatombre de sus principales rivales que por un exitazo propio. En primer lugar, porque el impresionante incremento de la abstención se ceba con sectores sociales que han cimentado el bipartidismo, como he comentado, y eso hace crecer el porcentaje de voto a IU sin necesidad de ampliar mucho su electorado. Y en segundo lugar, porque la caída de PP y PSOE es vertiginosa y solo resisten gracias a ciertos nichos muy fieles, lo cual hace posible superar a alguno de ellos sin alcanzar grandes porcentajes de voto.

miércoles, 7 de agosto de 2013

CIS Julio 2013: ¿Por dónde se desmorona el bipartidismo?

"El bipartidismo como gerontocracia y gobierno de la incultura". Si quisiéramos darle un titular amarillo y sensacionalista a este post, bien podría ser ese. Y es que, analizando los datos del último barómetro del CIS, vemos que el bipartidismo solo es una realidad en determinados sectores sociales, como el de las personas con menos formación y las mayores de 65 años (características que se concentran en buena medida en las mismas personas).

Pero vamos a intentar darle un poquito más de rigor a la cosa y analizar por dónde está perdiendo fuerza el bipartidismo en las encuestas. Y veremos que si analizamos a la sociedad en función de edad, nivel de estudios, clase o ideología, el bipartidismo "va por barrios". En unos sectores permanece con mayor o menor fuerza, pero en otros está pasando a la historia.

CIS Julio 2013: La crisis del "votante medio"

Este es el primero de varios posts que escribiré sobre los últimos barómetros del CIS. Ha de tenerse en cuenta que tomamos como referencia las encuestas posteriores a las elecciones de Noviembre de 2011. Los estudios del CIS están siendo más conservadores que los de otros institutos demoscópicos a la hora de predecir cambios drásticos en el sistema de partidos (quizá por la realización de encuestas a domicilio frente a las telefónicas, como expliqué). Pero las tendencias que apunta, aunque más suaves, son similares sobre todo si atendemos a los datos "en bruto" y no a la estimación electoral que es el dato más atractivo periodísticamente, pero el menos relevante para entender qué está pasando.

Como ya señalé hace unos meses se están produciendo cambios muy llamativos en los sectores que declaran su intención de no ir a votar o que no saben lo que harán. Como decía entonces, "lo que está provocando el incremento espectacular de esos datos (abstención y NS/NC) es la desafección de los sectores que más identificados se han sentido por el momento con "el sistema". Es decir, se está abriendo una brecha entre sectores que, por su ideología, su fidelidad partidaria o su edad (la franja que se hizo adulta con la Transición), jamás habían dejado de asistir a la cita con las urnas".

jueves, 25 de julio de 2013

Aportaciones para una hoja de ruta hacia las europeas

Comparto la idea, muy extendida, de que es necesaria una gran alianza en el ámbito social y en el político que afronte de manera estratégica y conjunta la extensión de las luchas sociales, de las alternativas de contrapoder desde abajo, y la batalla institucional. No me detendré en desarrollar este argumento, porque se ha escrito muchísimo al respecto. Y tampoco me entretendré mucho en explicar por qué, en el plano de la política institucional (aunque con evidentes repercusiones en todo el proceso de acumulación de fuerzas), me parece crucial la cita de las elecciones europeas. Ayer escribieron bien sobre ello.

Partiendo de esas premisas, que si queréis podemos discutir en otro momento, intentaré hacer una aportación metodológica para contribuir a llevar a buen puerto el asunto.

Pactar un espacio de encuentro

Existe un enorme maremágnum de declaraciones, llamamientos, convocatorias, procesos, nuevos espacios ciudadanos, movimientos asamblearios, reuniones entre partidos o entre partidos y otros actores, etc. Todos llamamos a la unidad, pero sin sumarnos al llamamiento anterior. ¿Esto ocurre porque seamos así de idiotas o porque tenemos sordera? Pues no es tan simple la cosa: hay legítimas diferencias de fondo y de forma, comprensibles recelos sobre las verdaderas intenciones de cada cual, muchas prisas y también dudas sobre cómo avanzar sin dar pasos en falso. Superar las lacras del pasado no es algo tan sencillo como manifestar la voluntad de que ello suceda.

Pero, lógicamente, todo esto se está percibiendo desde fuera con muchísimo "ruido". Toda la gente que, con buena voluntad, quiere sumar su granito de arena a un frente común, no sabe dónde acudir. Es necesario, por tanto, que se clarifique cuanto antes un espacio de encuentro, en el que al menos se analicen los puntos de coincidencia y se estudien las bases de un posible porceso conjunto.  IU es un actor privilegiado, aunque no el único, por su peso específico y su implantación territorial para tener interlocución con todas las experiencias, encuentros, manifiestos, etc. que han surgido por todas partes. Eso no quiere decir que deba tener mayor protagonismo, sino que le obliga a una mayor responsabilidad y altura de miras. No se trata de que IU pretenda sumar a todo el mundo a su espacio, sino que es necesario pactar una fórmula que permita a cada cual sumarse a un llamamiento más amplio desde su propia experiencia y aportando su bagaje. Es decir, no se trata de disolver el Frente Cívico, ni las Mesas de Convergencia, ni desconvocar los encuentros de activistas y organizaciones que hay en muchos territorios. Se trata de acordar con todos esos espacios cómo debería ser un llamamiento (contenidos, forma) y quién debería protagonizarlo (representantes de organizaciones / activistas independientes / gente de la cultura, etc.) para que muestren su visto bueno y contribuyan a difundirlo.

Esto, que ya es de por sí complejo, se complica aún más con la necesidad de implicar a organizaciones políticas. IU también tiene una posición privilegiada en algunos casos, por la existencia de acuerdos con algunas fuerzas (Anova, Batzarre, CHA, ICV, etc.) a nivel territorial. Pero tiene a su vez especiales dificultades para entenderse con otras, especialmente aquellas que proceden de IU o en las que participan personas que han estado en IU recientemente. Como es lógico, cuando alguien ha dado el paso de abandonar una organización es porque tiene serias dudas sobre ese proyecto o la gente que lo compone. Por tanto, solo las garantías de un proceso verdaderamente abierto y, sobre todo, un éxito importante de la convergencia en el plano social, les pueden llevar a dejar a un lado sus recelos, siempre y cuando no haya otros motivos de fondo que impidan el acuerdo sea cual sea el proceso propuesto.

Pactar un proceso

Como digo, la manera en la que se articule el proceso puede ser lo que determine que las resistencias existentes desaparezcan y se genere un marco de trabajo cordial, sincero y con un clima de confianza. El proceso de concreción de la convergencia hacia las europeas tiene cuatro patas:
  1. El debate programático
  2. La confección de candidaturas
  3. La movilización electoral
  4. La gestión administrativa
En todas ellas hay que combinar máxima apertura y participación con reservar un papel para las organizaciones. Es decir, no debe haber diferencias entre las posibilidades de participación de militantes de IU u otras opciones con respecto a cualquier persona sin adscripción que quiera sumarse al proceso. Pero a su vez, tampoco se trata de que las organizaciones que quieran participar como tales se diluyan absolutamente o se reniegue de ellas.

1. El debate programático: Creo que en ello no debería haber demasiado problema. Habrá puntos conflictivos, pero no creo que hagan saltar por los aires el asunto. Hay unas bases muy amplias sobre las que comenzar a trabajar. Sería necesario que, fruto de los contactos previos para realizar el llamamiento (o incluso reflejado en el propio llamamiento) hubiera un documento extremadamente básico que sirviera de base para el debate programático. A partir de él hay que combinar la celebración de encuentros, asambleas, foros de debate, etc. con la participación a través de internet (no un formulario, sino una herramienta potente; en el entorno del 15M se están desarrollando cosas muy chulas de las que hay que aprender). Lógicamente tanto colectivos como particulares tendrán la posibilidad de aportar sus propuestas, confiando en la sensatez de cada cual: cuanto más queramos descender al detalle o imponer visiones totalizadoras, más fácilmente surgirán conflictos. La base del programa debe ser lo que tenemos en común en la calle. 

2. La confección de candidaturas: Debe articularse un proceso alejado del modelo de “mesa camilla” en el que unas pocas personas por arriba acuerdan algo aceptable para los colectivos participantes, pero sin implicación de la ciudadanía en general. Aunque lo veamos como el final del proceso, de la experiencia de IU en Valladolid he sacado que el hecho de garantizar que las candidaturas se elijan de forma abierta y participativa asegura más éxito en el resto del proceso, porque aporta sinceridad al mismo, la gente se lo cree más porque ve que no hay un ámbito intocable que se va a decidir “por arriba”. Algunas posibles normas para hacer este proceso de una manera sensata:
  • Cualquier persona puede ser candidata: es decir, sin limitaciones a priori, cualquiera puede presentarse.
  • Propuestas desde organizaciones o particulares: la propuesta de nombres, puede proceder de organizaciones que formalmente “lancen” a posibles candidatos/as o de un grupo de particulares. Perfectamente las organizaciones pueden proponer a personas que no pertenezcan a las mismas, y a su vez grupos de particulares de una organización pueden proponer a alguien sin refrendo oficial de su organización.
  • Apoyos reforzados: hay que buscar fórmulas que garanticen cierto apoyo social o consenso entre las personas que optan a ser candidatas. Para ello, si la propuesta viene de particulares, se exigirá un número de apoyos suficientemente alto para evitar candidaturas personalistas sin apoyo social, pero suficientemente bajo como para que no sea necesario tener una organización detrás[1]. Si la propuesta viene de organizaciones, se puede exigir el apoyo de más de una de ellas, para evitar que la candidatura final sea una mera suma de cuotas de colectivos, en la que cada cual pone al suyo con independencia de lo que le parezca al resto.
  • Primarias: la elección de la candidatura se realizaría en primarias, para las cuales se abriría un censo específico durante un plazo determinado, al cual se apuntarían todas aquellas personas interesadas en participar. Se podría regular la forma de que las personas que forman parte de aquellas organizaciones que se adhieran al proceso, pasaran a estar en dicho censo. Pero hay que regular bien la manera de hacer esto con garantías. En caso de que no sea viable, cada organización animaría a su afiliación a incorporarse al censo.
  • Votación: Se puede optar por elegir de manera separada a la persona que encabeza o al conjunto de la candidatura. En el segundo caso, se votarían 27 nombres masculinos y 27 femeninos (se eligen 54 escaños) y se formaría una lista cremallera por estricto orden de votación, salvo que alguna persona renunciara a su puesto o prefiriera ir más abajo[2]. En la votación se combinarán fórmulas de voto presencial y voto telemático, si fuera posible técnicamente.
  • Campaña electoral de las primarias: debe regularse tratando de garantizar que las personas que formen parte del censo tengan información suficiente y en la misma proporción por parte de todas las personas candidatas. También se podrá regular el acceso a medios de comunicación, para que sea equitativo[3]. Para ello, se deberán garantizar ciertos medios a disposición de cualquier persona candidata: blogs iguales, envío de cartas o correos, organización de debates, etc.
3. La movilización electoral: Al margen de generar hitos importantes, como la discusión y aprobación del programa, o la elección de la candidatura, este proceso debe ser fundamentalmente de movilización social. No en el sentido de manifestaciones o protestas (que vendrán por sí solas y habrá que estar), sino en el sentido de activación de base social. Sería enormemente positivo constituir mesas locales, o a nivel de barrio incluso, al estilo de los comités AntiOTAN o de los nodos locales que se articulan para campañas sociales. Deben ser puntos de encuentro de activistas, espacios muy abiertos donde aprovechar el dinamismo e ideas que salgan desde abajo, que tenga un gran componente de "hazlo tú mismo/a y a tu manera". Debe servir para colaborar en las fases del proceso que exigen cierta homogeneidad (fundamentalmente las votaciones), pero sobre todo para generar red social que lleve posteriormente la campaña electoral a cada rincón.

4. La gestión administrativa: Todo esto tiene por detrás un trasfondo burocrático enorme y bastante complejo:
  • Para la fase previa de conformación del proceso exige tomar decisiones de mucho calado y “feas” de hablar, como por ejemplo, si esto se articularía como una coalición de partidos, como una agrupación de electores  u otra fórmula. Ello debe debatirse con reposo, teniendo en cuenta factores prácticos (reconocimiento por Junta Electoral Central, espacios televisivos, mailing, denominación en candidaturas, etc.) pero sin olvidar el carácter político y estratégico de algunas decisiones. Por ejemplo, parece claro que una fórmula de agrupación de electores le da cierta frescura y permite además una fase de movilización previa (recogida de firmas) que activa a mucha base social; pero a su vez genera complicaciones prácticas como las señaladas antes. Por otra parte, mantener la denominación IU o la de otras organizaciones puede contribuir a que sea reconocible, y a mantener el tirón de algunas “marcas”, pero a su vez complica presentarlo como algo nuevo y puede retraer a participar en el proceso o a votar a ciertos sectores.
  • Para la gestión posterior hay temas aún más espinosos. Cómo y quién gestiona todas las cuentas de la campaña, cómo se van a gestionar los eventuales ingresos posteriores, etc. Todo ello debe quedar suficientemente claro para evitar disgustos posteriores.





[1] El número debería ser más exigente para las candidaturas a encabezar la lista, en caso de que se voten por separado.

[2] Hay personas que pueden acceder a formar parte de la candidatura, pero no a ir en puestos “de salida”.


[3] No se podrá evitar el hecho de que articulistas muestren su opinión, o que particulares monten un blog de apoyo, porque es imposible controlar todo y no se puede limitar la libre expresión. Pero sí se puede exigir que la comisión que organice las primarias sea la que articule la relación de las personas candidatas con los medios, para garantizar igualdad. En Valladolid conseguimos que fuera así.

viernes, 3 de mayo de 2013

El CIS y Metroscopia compiten en MasterChef



No, este no es un post para poner a parir el trabajo del CIS ni de Metroscopia. Quien haya entrado para reafirmarse en la idea de que tras las encuestas hay una perversa "cocina" al servicio de oscuros intereses tendrá una decepción. Porque, antes al contrario, intentaré explica que la llamada "cocina" es inevitable y necesaria, al menos si se quieren dar esas cifras de estimación de voto que tanto gustan a los medios, a pesar de que a menudo lo confundan con la intención de voto.

La cosa es sencilla: la intención directa de voto refleja lo que se responde a la respuesta "¿qué votaría usted si hay elecciones mañana?" y ofrece, por tanto, porcentajes sobre el total del electorado, incluido el que no votará. Por el contrario, la estimación de voto supone un cálculo a partir de un modelo estadístico, y en el resultado final se prescinde de una parte del electorado que se supone que se abstendrá. El porcentaje de voto a cada partido, por tanto, será un porcentaje sobre la parte de la población que se cree que votará y además será un dato obtenido de ese modelo estadístico, que puede variar: como dice aquí el CIS, que ofrece todos sus datos "en bruto", esa estimación puede variar aplicando otros modelos estadísticos.

Dicho esto, se entenderá por qué para analizar encuestas de diferentes institutos de demoscopia es más lógico comparar datos como el de intención directa de voto (y otros "en bruto") que la estimación de voto. Porque puede dar la sensación de que, en las últimas encuestas publicadas, Metroscopia (las encuestas que publica El País) y el CIS nos dibujan países totalmente distintos: en El País, el PP se hunde sin remedio y el PSOE no levanta cabeza y cae con él, mientras que IU y UPyD emergen con fuerza (especialmente en Madrid); en las del CIS el PP baja, pero despacito, el PSOE se mantiene más o menos e IU y UPyD crecen lentamente.

Como en alguna de las pruebas de ese reality show de la tele pública, parten de unos ingredientes básicos comunes, pero cada casa los condimenta de una manera, hasta el punto de que puede parecer que estamos comiendo cosas distintas. Sin embargo, podemos encontrar algunos elementos comunes interesantes en los datos de los diferentes partidos (por desgracia, Metroscopia solo ha ofrecido datos de intención directa desde Noviembre de 2012 y se comparan solo los meses que hay encuestas de ambos):

martes, 9 de abril de 2013

El sorpasso de IU y el nuevo abstencionismo

Ayer, el blog de Metroscopia reveló que IU superaba por primera vez en intención directa de voto al PSOE. Es un dato realmente llamativo, pero la verdad es que por sí solo dice poca cosa. Porque en eso estoy de acuerdo con la comparación que encabeza el blog de esta casa demoscópica: las encuestas son como los termómetros. Y que el termómetro indique que nuestra temperatura es de 38,5 ºC puede querer decir que tenemos una infección, pero también que nos hemos roto un hueso o incluso que, como el niño de ET, hemos hecho trampa y hemos puesto el termómetro al calor de una bombilla.

Así que intentemos ver qué hay detrás de ese interesante dato de Metroscopia: