Intentando entender a la CUP

Es prácticamente imposible que yo pueda compartir la decisión de la CUP del pasado sábado que ha dado como resultado la investidura de Carles Puigdemont como President de la Generalitat tras una alambicada solución. Y esto es así porque yo no soy independentista y, por tanto, comparto solo una de las almas de esa formación. Pero que no la comparta no quiere decir que no pueda entenderla sin llevarme las manos a la cabeza como parece estar haciendo medio mundo. Esos chicos y chicas que nos caían tan bien por su estética desenfadada y traer de cabeza a Mas de repente han pasado a ser traidores y vendidos porque, sorpresas que da la vida, la izquierda independentista ha resultado ser independentista.

Intentemos, por un momento, ponernos en la piel de una persona independentista, pero además no de las de aluvión, sino de las de toda la vida y veamos si hay alguna lógica en su decisión:


1. La perspectiva histórica

Las CUP, a pesar de haberse puesto de moda más allá del Ebro recientemente, existen desde los 80 primero como candidaturas municipalistas y solo desde hace 4 años se presentan al Parlament. Durante ese tiempo eran parte de un bastante reducido movimiento independentista, que en lo institucional se reducía a su acción municipal y la presencia de ERC a todos los niveles, pero que no llegaba ni al 10% de los votos en toda Cataluña hasta el cambio de siglo. Con una CiU hegemónica desde la Transición acostumbrada al acuerdo con los gobiernos estatales, siendo a veces hasta apoyo parlamentario decisivo en Madrid, nadie planteaba la posibilidad de la independencia hasta hace realmente muy poco tiempo.

En la primera década del siglo ERC logró algo más de peso haciendo un discurso más abiertamente independentista bajo el liderazgo de Carod Rovira, pero asumiendo en la práctica un horizonte mucho más modesto. El gran objetivo del soberanismo en Cataluña eran mayores cotas de autogobierno que se concretaron en un nuevo Estatut que tuvo el apoyo del 90% del Parlament (todos menos el PP) y el 73% de la población, cifras de consenso hoy impensables. Nadie, al menos con relevancia institucional, hablaba entonces de independencia.

Llegarían después las recogidas de firmas y recursos del PP que acabarían por anular el Estatut tras ser aprobado en el Congreso y, a partir de ahí, el sentimiento independentista comenzó a crecer exponencialmente. Hasta el punto de convertirse en el gran debate, el eje sobre el que se vieron obligados a pronunciarse todos los partidos hasta llegar a unas elecciones denominadas plebiscitarias en las que los votos independentistas no fueron mayoría por muy poco, pero sí dieron mayoría parlamentaria a las opciones que defendían la ruptura.

Visto con esta perspectiva histórica es comprensible que para independentistas de toda la vida este sea un momento que no se pueda dejar pasar a la ligera. Existe la posibilidad real de intentar llevar a cabo uno de los principales objetivos políticos por los que la CUP existe. ¿Debe renunciar a ello porque puede cumplir ese pero no todos?

2. Mucho más que Mas.

A pesar de que los medios de comunicación de ámbito no catalán suelen presentarnos el "procés" como algo liderado por Artur Mas y Convergència, realmente estos llegaron a rastras a las posiciones abiertamente independentistas, forzados por un movimiento popular muy transversal y potente. Fueron movimientos cívicos y municipios los que comenzaron a impulsarlo con la consulta de 2009 y la sentencia del TC de 2010 incrementó el sentimiento de agravio entre la gran mayoría de la sociedad catalana (incluso el President socialista Montilla fue a la manifestación "Som una Nació"), lo cual fue un caldo de cultivo bien aprovechado por el movimiento independentista para hacerse masivo. Dos años después, en septiembre de 2012, unos dos millones de personas reclamaban un nuevo Estado catalán en Europa. Justo después de ella, Artur Mas convocó elecciones anticipadas en las que CiU perdió apoyos en favor de ERC y CUP, que entraba por primera vez al Parlament. Mas no iba precisamente liderando ese movimiento, sino absolutamente a rebufo.

Pero fue inteligente y consiguió establecer una alianza sólida con una ERC al alza que les presentó como una entente unida ante la sociedad catalana, dispuesta a dar cauce institucional a los anhelos de la sociedad civil independentista. Por primera vez en 2013 Convergència dio apoyo expreso a la movilización de Vía Catalana, tensando así su relación con Unió, y poco después se mojó definitivamente dando cobertura institucional a la consulta de 2014 con el apoyo de ERC, ICV y CUP.

Se sumaba así Artur Mas a un movimiento que ya era desbordante mucho antes de que él se pusiera al frente y que tiene muchos más actores que los partidos políticos. De hecho, Junts Pel Sí es más que Convergència y más que la suma de ésta con ERC. El peso de actores procedentes de movimientos ciudadanos (por más que estos tengan afinidades partidistas claras) y la participación de personas procedentes de ICV como el propio Raül Romeva, del PSC, o del ámbito cultural de la izquierda como Lluís Llach, así lo atestiguan.

Visto con esta mayor complejidad se entiende mejor cómo una fuerza anticapitalista está dispuesta a acordar una hoja de ruta con gente del principal partido neoliberal catalán y por qué Mas era la línea roja inasumible. Seguramente Puigdemont tiene poca o ninguna virtud diferente, pero proviene del movimiento de municipios independentistas, y la CUP asume que su pacto no es ni mucho menos algo bilateral con Convergència, sino con un movimiento mucho más amplio, que integra a gente de muy diversa ideología. Y, sobre todo, sabe que Junts Pel Sí, al igual que el propio auge de la CUP es fruto de tener a gran parte de un pueblo plenamente movilizado y empujando por un objetivo muy concreto.

Haber dejado pasar la oportunidad, por tanto, habría supuesto desgajarse de un movimiento popular muy fuerte que exigía un amplio acuerdo muy transversal ideológicamente para que la alianza social plasmada en las calles tuviera un correlato institucional. Regalar, en definitiva, la reivindicación del "procés" a gente que se sumó tarde a él.

3. El falso dilema entre izquierda e independencia

La CUP, una organización de izquierdas e independentista no estaba realmente en la tesitura de optar entre una y otra alma. Por supuesto no hay mayoría parlamentaria para una opción de ruptura anticapitalista, pero tampoco se daba el contexto para sumar una mayoría de izquierdas al estilo del antiguo tripartito. ERC, PSC, Catalunya Sí Que Es Pot y CUP suman 58 escaños. Solamente consiguiendo que las 11 personas independientes de Junts Pel Sí unieran sus votos a ese frente de izquierdas (ya de por sí inimaginable por la ruptura de ERC con JxS, entre otros muchos motivos) podría haberse dado una mayoría diferente.

Seguramente la opción ideal para la CUP habría sido lograr la investidura de Junqueras o alguna otra persona de la izquierda de Junts Pel Sí, combinando ambas aspiraciones: avanzar hacia la independencia con un cierto escoramiento hacia la izquierda. Pero eso era soñar con algo imposible. La dicotomía real era mojarse entre un objetivo que realmente está al alcance de la mano (iniciar el proceso de ruptura, otra cosa será ver dónde llega) o dejarlo pasar a cambio de nada más que cierta pureza ideológica y futuribles sobre otras posibles mayorías de izquierda.

Seguramente en la decisión final habrá pesado mucho también la perspectiva de que unas nuevas elecciones habrían reducido el peso de la CUP, muy probablemente, o les habrían forzado a un acuerdo con En Comú Podem. Muy probablemente unas nuevas elecciones habrían dejado un escenario con un peso sin precedentes de las fuerzas a la izquierda del PSC: ERC crecería a costa de CDC, En Comú Podem mejoraría significativamente los resultados de Rabell de septiembre y más aún si lograba alguna alianza con la CUP. Pero, aparte de las legítimas aspiraciones partidarias, un escenario así habría dejado muy lejos las aspiraciones de independencia y, admitámoslo, tampoco serían mimbres para un proyecto de ruptura radical de izquierdas. De haber existido una situación distinta en el Congreso de los Diputados se les podría haber pedido paciencia para ir a un proceso de referéndum pactado, pero a día de hoy esa parece una posibilidad más que remota.

Se han decantado, por tanto, por la única opción que estaba en su mano y que les acerca de manera real a un objetivo concreto, el cual es una de sus razones de ser.

4. Victorias y derrotas en el acuerdo

Una pequeña organización, hasta hace dos días fuera del parlamento se ha conseguido situar en el centro del debate y tener en vilo a toda Cataluña. Ha puesto de los nervios a quienes no pueden entender nada que se aparte de decisiones a puerta cerrada entre notables y veían imposible que 3.000 personas metidas en un polideportivo (¡y con esas pintas!) puedan decidir con "seny". La decisión era durísima: nadie quería investir a Mas, pero había sectores dispuestos a tragar con ello con tal de salvar el "procés"; nadie quería echarlo por tierra, pero había sectores dispuestos a repetir elecciones con tal de no apuntalar a Mas. La solución de mayor consenso es la que al final se ha producido, por más que sea insatisfactoria: evitar repetir elecciones, quitarse de en medio a Mas y asegurar que se cumple una hoja de ruta basada en una desobediencia institucional que hasta hace poco era impensable que asumiera Convergència.

Sin embargo, Mas "muere" matando. Imponiendo un candidato de Convergència, aunque no sea de su círculo más próximo y obligando a la CUP a dimisiones y cambios de grupo con tal de que todo quede bien atado, e incluso a una autocrítica pública que recuerda a los episodios más negros del PCUS (durísimo el punto 4).

No debemos olvidar, no obstante, que no estamos ante un acuerdo de investidura ni un gobierno al uso. No se plantea una legislatura corriente, de cuatro años, y entiendo que la CUP no se ve obligada a votar con JxS aquellas cuestiones que no tengan que ver con la hoja de ruta independentista. Ha arrancado compromisos en materia social, pero aún si no se cumplieran entiendo que tiene margen para distanciarse de ello. Su apoyo es para un objetivo muy concreto a desarrollar en 18 meses. Si se pierde esa perspectiva se entra en comparaciones con acuerdos contra natura en otras situaciones que no tienen nada que ver.

5. Política-ficción para la empatía

Si ninguno de los anteriores puntos ha servido para que comprendas (no justificar, ni compartir, solo comprender) que la decisión de la CUP no es una traición ni una venta de sus ideales al mejor postor, te propongo un juego. Si andas por este blog, raro será que no seas una persona republicana. Imagina un futuro relativamente cercano en el que de pronto se exacerbara el sentimiento republicano, de modo que este se extendiera también a gente de diversas ideologías, con un movimiento ciudadano muy transversal que superara y ampliara las fronteras de las tradicionales movilizaciones republicanas de la izquierda. El PSOE recuperaría la reivindicación apelando a su historia, y tal vez Ciudadanos se sumaría en aras de la regeneración democrática al sol que más calienta. Incluso sectores del PP se pronunciarían favorables, como alguno hace en privado ya ahora, pero el PP como partido se opondría ferozmente con un apoyo social importante par bloquear el proceso . Y, tal vez, en esas circunstancias, llegáramos a una situación en la que se abriera la posibilidad real de abrir un horizonte hacia la Tercera República española. Pero para ello, tocaría iniciar un proceso de reforma constitucional que culminara en un referéndum, un proceso de 18 meses en el que, para garantizar el apoyo de todas las fuerzas necesarias, el único candidato con opciones de encabezar el gobierno provisional sería una persona de derechas. Tal vez un Albert Rivera o una vieja figura del PSOE más conservador, un José Bono o similar.

En esa tesitura y si de tus votos dependiera: ¿te arriesgarías a hacer descarrilar la posibilidad cierta de una República por negarte a poner al frente del proceso a alguien muy alejado de tus posiciones ideológicas? Poniéndonos en esa piel nos sentimos un poco más cerca de las gentes de la CUP. Y más nos vale porque, acierten o se equivoquen, son de las nuestras.

Comentarios

Lies Kompilation ha dicho que…
Yo no pactaría con el diablo por la República si el pacto es hacer de presidente al diablo.
Lies Kompilation ha dicho que…
Yo no pactaría con el diablo por la República si el pacto es hacer de presidente al diablo.
Anónimo ha dicho que…
no veo el problema de abstenerse, dejar q siga el process, con mas de president, y no maniatarse... salvo la asamblea. pero esa asamblea no a votado esta ocpion, esta opcion no esta discutida, la han adoptado unos pocos sin contar con asambleas locales, simpatizantes.. es algo importante, tenia que haberse vuelto a las bases. no habia tiempo? igual da, estan declarando un nuevo pais..
Tais Bastida Aubareda ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo ha dicho que…
El análisis es bastante correcto, pero desde mi punto de vista falta el punto esencial.

No va a haber legislatura de 18 meses ni mucho menos. Si todo ocurre como es más que previsible, la autonomía acabará suspendida, el Régimen se cerrará en banda, volveremos a ver aun presidente de la Generalitat encarcelado como en la II República y una movilización impresionante en una Cataluña asfixiada orgánicamente. Y ahí es donde mejor se van a mover las CUP y donde la izquierda del resto de pueblos del Estado tenemos una responsabilidad histórica: en primer lugar, en solidaridad con el pueblo catalán; pero en segundo, porque este proceso es el fenómeno que más en jaque ha puesto al Régimen desde 1939, en un momento de crisis económica, de gobierno, de la monarquía, etc. Un momento muy interesante para la izquierda y el movimiento popular en general, siempre que sepa donde tiene que estar y no acabe alineándose con el nuevo búnker. Y la verdad es que el nivel de análisis de la izquierda a este lado del Ebro, salvo honrosas excepciones (y este es uno de esos casos), está siendo lamentable y de una superficialidad patética.

Probablemente el proceso fracasará en el corto plazo, porque el Estado español no es ningún Régimen democrático y no ofrecerá ninguna garantía. Pero sentará precedente en Cataluña y en el resto del Estado debería facilitar los procesos constituyentes. El futuro de Cataluña, desgraciadamente para su pueblo trabajador, está ligado indefectiblemente a lo que ocurra en el conjunto del Estado y muy especialmente en Castilla.

Por último, y sobre el juego que propones. Mejor tirar de historia, porque el pasado está repleto de revoluciones (democráticas o socialistas) que han tenido etapas de pactismo con la burguesía. La II República sin ir más lejos y el personaje que la lideró inicialmente, Niceto Alcalá Zamora, colaborador del Régimen de Primo de Rivera padre y posteriormente representante de la derecha republicana. Por no hablar de Mao, de Lenin, de Fidel, etc., quienes también recurrieron a una política de alianzas que seguro que fueron muy criticadas por los cuñaos de turno.

Un saludo comunero.
Anónimo ha dicho que…
Y otra cosa, para la autora o autor del primer comentario:

El presidente tiene un componente estético más que otra cosa. Los procesos son colectivos. Y la correlación de fuerzas en el seno del soberanismo está mucho más a la izquierda que donde está Puigdemont, y éste ahora tiene que hacer un discurso y potenciar una práxis que satisfaga al menos a 72 diputados. Más a la izquierda estaría aun sí quienes abrazan una tercera vía imposible viesen la jugada y se involucrasen en el mismo. No sé que sentido tiene que entre la izquierda sigamos entendiendo la política como una cosa de caras y no de proyectos políticos en constante tensión y contradicción.

Saludos comuneros.
Deus Ex Machina ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
On Top Of The Wall ha dicho que…
Muy de acuerdo, Juan.

Y por otro lado, las CUP siempre dejaron claro que investirían a alguien de JxS que no fuera Mas... y han hecho exactamente eso. ¿Dónde está el escándalo?
En las condiciones pueden haberles apretado, pero los que estudiamos acuerdos de comercio internacionales entendemos que lo que cuenta no es lo que dice el acuerdo que hay que hacer, sino los mecanismos que haya a posteriori para asegurarse su cumplimiento.
Lo de "ceder" dos diputados es de coña. ¿Tú querrías tener en tus reuniones de grupo parlamentario a dos personas que se siguen debiendo a otro partido, y que ni siquiera forman parte de tu Govern, ahí enterándose de todo lo que habláis? Yo no. No me los han "cedido", me los han colado y no los controlo.
fabian del río moro ha dicho que…
��Jugamos al trivial o al monopoly,o¿ nos inventamos un juego nuevo?
Es una manera de encabezar este comentario al hilo de lo expresado porJuan ;jugando con dos maneras de entender la accion politica.
El analisis de Juan del mundo nacionalista de izquierdas es bastante agudo y certero.
Los que vivimos la primera TRANSACION(cuando estabamos dejando la infancia biografica-politica)ya tuvimos la oportunidad de compartir luchas con colectivos nacionalistas (vascos,en mi caso)que a la vez se definian de izquierdas,rupturistas e internacionalistas.
Fueron muchas las discusiones en torno al novedoso movimiento del nacionalismo de izquierdas.Era harto dificil digerir para un castellano internacionalista que la lucha de liberacion(asi llamada por entonces)iba a la par de la transformacion de y desde la base de la sociedad.
Por entonces ,antes del golpe del 23 de febrero del 81,habia acalorados debates sobre la accion politica de las vanguardias que buscaban la abierta confrontacion con el regimen,anhelando la respuesta en forma de golpe militar.
Eran otros tiempos.Hubo un lapsus de dos años (75-76) en los que nos sentimos ser parte activa de la accion politica por medio de las comisiones representativas obreras y de los procesos asamblearios estudiantiles.
Fue un anhelo breve que fue enterrado por la REAL POLITIK.
Y despues de casi 40 años llegamos al dia de hoy en que aquel anhelo de los 70 aparece de nuevo en un contexto historico diferente con las recien nacidas formaciones de confluencia.
Estas se cimentan en la participacion desde la horizontalidad(eliminacion de cupulas dirigentes),
el debate como alimento de un proyecto vivo de todas-os sus componentes y la transparencia de sus actos;teniendo un proyecto inequivoco de transformacion de la sociedad.
Sin Mas y yendonos al tema catalan estabamos todos con las orejas pendientes de cual iba a ser la decision de las CUP.Hubo hasta inverosimiles empates.
Y en estas llego Mas-Menos y mando bailar a la CUP .Primero se hizo desear. Danzo la asamblearia sardana y al final los mas guays del grupo han decidido por todas y se han arrejuntado ;prometiendo ir al baile con la niña bien de la sociedad catalana.
Dicen que han enterrado los viejos bailes y que quieren crear uno nuevo.
¿Con que traje?¿Con que musica?¿Bailaran por libre o academicamente?��.
Una vez mas los fines sirven para finiquitar los medios.��Parece mas facil hacer la revolucion en clave territorial menor(hay teorias que asi lo apoyan).
De nuevo una elite (los menos)deciden por los mas.
¿Y que hariamos los demas?¿Bailariamos o nos iriamos con la musica a otra parte?
¿Jugamos a enriquecer nuestra parcela de poder con los conocimientos que nos aporta el trivial o PODEMOS perseguir solo el poder politico con el monopoly electoral???
Conste que tambien hay otros juegos.¿Jugamos?
Anónimo ha dicho que…
Super asamblearios y horizontales los procesos de confluencia. Ay, que me entra la risa!