
El Gobierno socialista parece tener un cierto complejo de esa misma índole con según qué temas. Hace ademán de afrontar algunas cuestiones con valentía, pero le basta con ver asomar la peineta a la España más ultramontana para hacérselo encima y quedarse a medio camino. Para evitar la reprimenda conservadora y en pos del consenso y el buen rollo, al final se lleva collejas de unos y otros. Se lo recordaba en un debate en torno a educación a un parlamentario regional socialista, hace unos meses: cedieron a la presión de los centros religiosos y la Iglesia en la negociación de Educación para la Ciudadanía, para tenerles, de cualquier modo, despotricando. Y riéndose en sus morros, como hace el poli bueno de los colegios católicos en esta entrevista:
"Logramos que el Ministerio de Educación retirara de los programas de Educación para la Ciudadanía los contenidos que más invadían ámbitos reservados a la familia y a la moral personal, por ejemplo las menciones a tipos de familia o a la educación sexual. Conseguido esto, y como sabíamos de nuestra capacidad legal para adaptar la asignatura al ideario propio de nuestros centros, convicción que fue ratificada por sentencias del Tribunal Constitucional y por el propio Ministerio, seguimos adelante.
(...)
Hemos rechazado la objeción de conciencia en nuestros centros, no en los públicos donde consideramos legítimo que los padres busquen los medios que estimen oportunos para proteger a sus hijos de los riesgos de la asignatura (...) El peligro está en que la objeción se podría extender a otras asignaturas, incluso a la misma clase de religión. Alguien podría venir a un centro católico diciendo que acepta el ideario sólo en parte y que rechaza la religión o la oración que todas las mañanas hacemos en nuestros colegios."
Ayer volvieron a hacer una de esas. Nuestro grupo parlamentario presentó una proposición no de ley condenando las declaraciones del Papa Benedicto XVI sobre los preservativos y el SIDA. Una condena similar había sido aprobada en el Parlamento belga recientemente. Las fuerzas católicas de PP, CiU y PNV prefirieron ponerse del lado del Vaticano y no del de los católicos que reparten preservativos en África. Tampoco me sorprende. El PSOE no fue capaz de apoyar la moción, quizás porque pedía al Gobierno que por vía diplomática "reaccione enérgicamente frente a todo Estado u organización que cuestione la utilidad del preservativo como medio profiláctico contra la transmisión del sida". No era el momento ni el lugar, dicen.
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