
Cualquiera que tenga algo publicado sabe que el copyright poco tiene que ver con los derechos de autor, pues a quien protege es a quien lo comercializa, y solo indirecta y ligeramente se verá beneficiado por ello. Lo único que hace es evitar que haya más personas que se puedan apropiar y beneficiar de tu trabajo aparte de aquellos a los que ya has autorizado a lucrarse con él, porque no eres capaz de editarlo e introducirlo en los circuitos comerciales por tu cuenta.
¿Pero entonces, se regala tu trabajo? No. Se puede explicar bien en muchos campos artísticos (también en la literatura, por ejemplo), pero es muy gráfico en el terreno musical. Conociendo cómo funciona el negocio, se comprueba que lo que un artista realmente recibe por la venta de sus discos es el chocolate del loro. Lo contaba muy gráficamente hace unos años Nacho Escolar, hoy director de Público. Porque que tus canciones circulen libremente acaba siendo hasta rentable, ya que es radicalmente falso que cada copia equivalga a un disco vendido menos. Hoy en día todos tenemos mucha más música de la que habríamos comprado nunca.
Y es que, si lo piensas, resulta curioso tanto revuelo ahora con el tema, tanta publicidad agresiva no ya contra la piratería sino contra el intercambio de archivos (redes P2P, tipo eMule; hay que saber diferenciar), si tenemos en cuenta que esto de las copias es más viejo que la tos. ¿Acaso no teníamos todos una pila de cassettes vírgentes prestas para grabar la cinta nueva que tuviera algún amiguete? Breve y contundente lo recordaba Guille, que por cierto viene a las jornadas. ¿Por qué no se pedía un canon entonces? No amenazaba a las redes de producción y distribución de la industria al nivel que lo hace hoy internet. El problema real no es que algunos desalmados intenten lucrarse con la piratería, sino que se saben prescindibles. Saben que, en breve, muchos artistas podrían empezar a desmontarles el chiringuito si les diera por hacer las cosas sin intermediarios. El antecedente del software libre debe de dar miedo, porque empieza a competir duramente con el amigo de los niños (y de su dinero) Bill Gates.
El negocio, en esto y en todo, está en apropiarse y privatizar la creación de valor del trabajo y la cooperación social. Cuando se les escapa de las manos presionan para que se redacten nuevas leyes bajo su estrecha concepción de la propiedad privada. Para que les pongan puertas al campo.
Comentarios