
Lo que yo no sabía es que era una muestra más de mi absoluta incapacidad para valorar el arte en su justa medida. Ya veis: en COU opté por seguir con Latín porque decían que Historia del Arte era muy difícil en selectividad. Y desde entonces no sé distinguir una obra del arte de los deberes de plástica de un niño de primaria. Un desastre.
Así que, claro, me ha pillado por sorpresa la noticia de que Manu Chao se haya visto obligado a resarcir a los autores de esa bella coplilla que abría uno de los temas de su álbum del mismo nombre. ¡Y yo que pensaba que lo hacían con un ordenador! Ay, Manu, qué equivocados estábamos... Con lo cual, es normal que no solo tengas que pagarles lo que les corresponda por derechos de propiedad intelectual, sino que además, te disculpes y reconozcas que ha sido un error. Todo ello después de mirar un rato a la pared y pensar en lo que has hecho; cuando estés arrepentido os dais un besito.
Solo me alegro por una cosa: seguramente este tipo de sentencias, igual que las demandas ridículas de la SGAE, hacen bastante más por el movimiento por la Cultura Libre que cientos de acciones, manifiestos y recogidas de firmas. La reducción al absurdo siempre fue un buen argumento retórico.
Comentarios